viernes, 16 de mayo de 2014

ADRIÁN RODRÍGUEZ



Todo el mundo sabe que las palabras sirven para expresarse. Ya sean sensaciones, emociones o sentimientos. Pero en ocasiones las palabras no bastan y necesitamos algo más. Necesitamos que las curvas de esas palabras se desplacen y se unan cruzándose unas con otras. Formando líneas definidas formando dibujos capaces de interpretarse. Algo que al verlo con nuestros propios ojos instantáneamente nos transmita aquello que nosotros experimentamos de forma cercana. Esa era la meta a alcanzar.

Una mente pensante e inquieta. El bolígrafo lleno de tinta y con ganas de dibujar. La libreta dispuesta a ser el soporte de grandes ideas. Algunos conceptos en forma de garabato. Ciertas descripciones para complementar las ideas. Un completo programa de ordenador. Los documentos finalizados y enviados. Unas máquinas con ganas de trabajar. Los diseños expuestos en una pared.
Elementos que conforman un reparto de película para explicar de forma breve y amena el proceso que ha sido necesario para dejar mi huella en esa sala.

Pensarlos y diseñarlos ha sido una experiencia agradable. He disfrutado, hasta en esos momentos en los que se me atragantaban de mala manera. Porque hubo veces en las que las cosas no llegaban a encajar. Pero ahora ya están allí colocadas a la vista de todos.
Verlos expuestos tal y como me lo había imaginado desde un principio, hace que me encuentre satisfecho con el resultado final. Pero lo que más me alegra, es que estén acompañados por las obras de otros grandes talentos.

Otra historia de aventuras en mi pequeña estantería.